Érase una vez...
... hace ya unos años (5 más concretamente), una gordita que llegaba fatigada a una clínica. Y no porque estuviera malita ni nada por el estilo, sino porque en unas horitas tendría a su tan esperado bebé entre los brazos. Era Martes, día 13 y le dieron la habitación 113... mala suerte, pensarán algunos, coincidencia, dirán otros, y ella sólo pensaba: "es un buen augurio...". Un ratito después y ya preparadita con su camisón y todo, vino a buscarla el doctor: hala, Teresa, que nos vamos ya, ya es la hora. Y Teresa, con su barrigota gorda bajó como pudo, tranquila e impaciente a la vez hasta el paritorio. En la puerta dejó a quienes más quería, Papá y Mamá, y al papá del peque que venía en camino. Tras un ratito de preocupación porque la agujita de la epidural no sabía encontrar el lugar correcto, tumbaron y prepararon a la futura mamá. Y desde su privilegiada posición pudo ver como poquito a poco el buen doctor iba abriéndose camino en busca del tesoro más preciado. Un ratito después, y de las mágicas manos de aquel buen doctor salió al mundo un ángel, un bebé precioso y regordete que apenas cabía entre sus manos: Eduardo.
La mamá, a pesar de la anestesia y las medicinas no pudo evitar que una lagrimita rodara por sus mejillas al verle, y desde aquel día ya no ha podido parar de mirarle, era su amor desde vio aquellas 2 rayitas en un test de farmacia, pero cuando pudo ver su carita, sus ojos... entonces y sólo entonces comprendió la responsabilidad tan grande y tan hermosa que había adquirido. Hoy Eduardo cumple 5 años, ya es todo un hombrecito, pero para su mamá siempre será aquel bebé de carita redonda que vino al mundo de la mano del doctor más bueno y cariñoso posible.
Y hoy mi amor cumples ya 5 años, y te he vuelto a coger entre mis brazos como aquella primera vez, porque esa mamá gordita que esperaba ansiosa a su niño era yo, y ese Eduardo grandón que no cabía en las manos del doctor eras tú mi vida.
Hoy, en un día tan especial echamos en falta algunas cosas y a algunas personas, pero los brazos de tu mamá siempre estarán aquí para consolarte, mimarte o celebrar contigo.
Te quiero con locura, mi niño...
Besos de aquí al cielo,
Teresa
aún recuerdo ese bollito redondito y precioso, y madre mía, qué mayor ya, 5 añazos y un diente de leche menos...
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